Técnicas de Investigación Criminal

Antecedentes

Las raíces de nuestros Cursos de  “Técnicas de Investigación Criminal”, iniciados hace ya algo más de 20 años en la Universidad de Buenos Aires, son  verdaderamente interesantes de conocer.

A principios del siglo XX en la Universidad de Buenos Aires comenzaron a distinguirse profesionales que captaron la necesidad de incluir algunas de las ciencias que hoy denominamos forenses, en los planes de estudio que en ella se dictaban.
Estos visionarios, como José Ingenieros, Pedro. Arata y Jorge Magnin, entre otros, entendían que lo que se gestaba en importantes Universidades de Europa, debía ser desarrollado en nuestro país, para el logro de un Sistema de Justicia acorde a la República que nuestros ciudadanos deseaban.

En 1902 el profesor R.A. Reiss en la Universidad de Lausana en Suiza crea el curso de Fotografía Forense, el que fue creciendo hasta crearse el Instituto de Policía Científica. Este Instituto hoy es considerado como el más importante y prestigioso en el mundo para estudio de carreras de post grado en Criminología y Criminalística.
También a principios del siglo XX el Profesor Edmond Locard incorpora en la Universidad de Lyon la enseñanza de las Ciencias Forenses y en la actualidad más de 15 casas de Estudios Universitarios en Francia han organizado estas carreras. También por aquel entonces en EEUU fueron numerosas las Universidades que comenzaron a crear cursos y carreras con estas disciplinas.

Estas iniciativas de Reiss y Locard tenían sus cimientos en la popularidad que en Europa ya tenían las nuevas técnicas policíacas, especialmente el Bertillonage, la fotografía, y el estudio de venenos en los cuerpos de las víctimas, y que por entonces algunos Jueces de Instrucción comenzaban a solicitar en sus investigaciones.
Sin lugar a dudas el Juez que más se interesó en el conocimiento de estas nuevas técnicas fue Hans Gross que en 1892 publica la primera edición de su libro “El Manual del Juez de Instrucción”

Hans Gross había nacido en Graz, Austria, en 1847 y desde que era estudiante de Derecho, había notado ya la insuficiencia de los métodos de investigación criminal. En 1869, Gross comenzaba a trabajar como Juez de Instrucción y entendía que en la Universidad sólo había estudiado textos jurídicos pero no tenía la menor idea sobre las ciencias forenses.
Como jurista carecía de conocimientos especializados sobre cualquier campo de la ciencia pura o de las ciencias físico-naturales aplicadas. Sin embargo el estudio incesante de todas las revistas y libros que caían en sus manos lo llevó a la conclusión de que no existía una sola conquista técnica que no pudiera ser usada en el esclarecimiento de crímenes y delitos.

A lo largo de veinte años de silencioso trabajo, creó su libro de experiencias destinado a convertirse en el primer manual de la investigación criminal científica que le dio a Gross renombre mundial, y del que se hicieron numerosas ediciones por más de 100 años.
Cabe destacar que como en 1888 Gross tuvo noticias del Bertillonage, en su manual él se manifestaba resueltamente a favor de la adopción del sistema antropométrico en Austria. El 3 de abril de 1898, el ministro austríaco del Interior dispuso la instalación de una oficina para el bertillonage en Viena, convencido de que proporcionaba a su país la más reciente conquista de la técnica policíaca.

Tampoco él, como ninguno de los ministros del Interior y Jefes de policía de los restantes países europeos, tenía la menor idea de que a miles de kilómetros, en otra parte del mundo, ocurrían cosas que habían hecho tambalearse en sus cimientos el bertillonage. Pero quién pensaba por entonces en Sudamérica?, ¿Qué europeo pensaba en un país como la Argentina, cuando se trataba de problemas policíacos o de conquistas científicas?

En 1896 la policía argentina abolía definitivamente el bertillonage para adoptar la dactiloscopía desarrollada por Juan Vucetich. No fue fácil la lucha de Vucetich en la Argentina para imponer el método dactiloscópico, pero en 1901 después de cinco años de trabajos ininterrumpidos y de francos éxitos su método es expuesto en el segundo congreso Científico de Sudamérica y aceptado como un logro científico en investigación de la identidad. De esta manera uno a uno diferentes países de Sudamérica fueron adoptando el sistema de las huellas digitales: Brasil y Chile, en 1903, Bolivia, en 1906, Perú, Uruguay y Paraguay en 1908.

Los grandes momentos de triunfo se sucedían para Vucetich. Sin embargo los descubrimientos científicos seguían aún la ruta opuesta, es decir iban del Viejo al Nuevo Continente. Para que el descubrimiento de Vucetich hallara el camino a Europa, era precisa mucha más fuerza de la que él jamás llegó a poseer. Ni siquiera los Estados Unidos tuvieron noticias de sus esfuerzos. Si bien el bertillonage en Europa fue abolido mucho después que en Argentina, la victoria final de las huellas digitales en el Viejo Continente fue alcanzada por otra persona ya que la chispa de la idea no saltó de Sudamérica a Europa, vino precisamente del Lejano Oriente, de la India y de la mano de Edward Henry.

En Buenos Aires fue José Ingenieros como Profesor de Psicología experimental en la Universidad de Buenos Aires, que fundó los Archivos de Psiquiatría y Criminología en 1902 y la Revista Filosófica en 1915.

El fue fiel representante del positivismo en Argentina, aunque, ideológicamente evolucionó hacia el socialismo, en este sentido opuesto a las tesis de Enrico Ferri, quien, durante su gira de conferencias por las capitales de la zona (1910), defiende que el "socialismo no era necesario en el continente".

José Ingenieros como criminólogo, disciplina científica que abraza en fechas muy tempranas, fue el abanderado de la Criminología Clínica en América Latina, su obra "Criminología" (1907) fue el primer tratado de esta rama de la Criminología publicado en el continente. José Ingenieros nace el 24 de abril de 1877 en la ciudad siciliana de Palermo (Italia). Muy pronto se traslada, como tantos otros compatriotas a Argentina, donde cursa estudios de Filosofía y Medicina.
A pesar de ser designado en primer lugar por el Honorable Consejo de la Facultad de Medicina para la titularidad de la cátedra de Medicina Legal, el presidente de la nación, Sáenz Peña, designa a otra persona.

La implícita dedicatoria de Ingenieros y la consecuente descripción en su Libro “El hombre Mediocre” obra que hoy es todavía motivo de estudio de numerosos estudiantes universitarios, son claras: el hombre mediocre es Sáenz Peña. Y los ejemplos de hombres superiores son D.F. Sarmiento y F. Ameghino, que ocupan sendos capítulos de la obra. Prohombres muy estimados por Ingenieros, porque, además de representar el genio, sintetizan un linaje al cual Ingenieros quiere pertenecer, tanto en sus formas científicas como en el carácter visionario de sus obras. La construcción de la ciencia y la nacionalidad, dentro de ciertas formas filosóficas y políticas es la continuidad de la cual se siente heredero. Y a la cual aportará todas sus energías, exponiendo las características del hombre inferior, del mediocre y el superior, genera así un poderoso tratado de crítica de la moral.

Ingenieros estaba dolido y se aleja del país por haber sido objeto de "…un acto que considero de inmoralidad gubernativa, e irrespetuoso para mi dignidad de universitario…” El viaje lo lleva a Suiza, más exactamente a Lausana donde cursará estudios con el Profesor Reiss completando su formación en Criminología alrededor de 1913. Aún hoy se encuentran en la biblioteca de la Universidad de Lausana los libros de Ingenieros (Criminología y Principios de Psicología Biológica) publicados en España y dedicados de puño y letra al profesor Reiss.

Por aquellos años otro pionero argentino, Pedro Arata, desarrollaba las bases de la legislación alimentaria y las pericias químicas para la fiscalización y represión de fraudes en alimentos y análisis de medicamentos para Hospitales Municipales.

En 1874 Arata era nombrado profesor Titular de la Cátedra de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias, que después cambió por la de Química Médica y Farmacéutica en la Facultad de Medicina, desempeñándola hasta 1911. En 1879 alcanzó el grado de doctor en medicina con una tesis de carácter químico y en 1881 se designó a P. Arata para crear la oficina Química Municipal de la Ciudad de Buenos Aires para lo que viajó a Europa para estudiar la organización del Laboratorio Municipal de París.

Esta oficina creada por Arata fue la primera en su género establecida en América del Sur y modelo para la fundación de otras similares.

Inicialmente funcionó en la Universidad de Buenos Aires hasta que se trasladó en 1886 a la calle Moreno 330, siendo su Director por treinta años.

Por sus extensos trabajos y sus aportes académicos fecundos en iniciativas, es el primer argentino galardonado por la Real Academia de Ciencias de Madrid. Le siguen otros premios como los de la Sociedad de Naturalistas de Dorpart, la de Ciencias Naturales de Palermo, la de Berlín, la Científica de Chile, de París, Milán y Turín.

Los aportes científicos de Arata a la Ciencia Químico Forense son copiosos y de valor intrínseco indiscutido y abarca entre 1869 y 1910, destacándose entre otros los trabajos en vegetales, aguas, residuos cloacales, medicamentos, condiciones higiénicas, etc. En 1904 crea la Facultad de Agronomía y Veterinaria para la UBA dando forma al pensamiento del Ministro de Agricultura W. Escalate, el doctor Arata fue decano de la institución por dos períodos consecutivos.

Pero su reconocimiento como científico argentino más alto, llega en 1910 cuando se decide la creación de la Academia de Ciencias de Buenos Aires y para la cual es elegido presidente por unanimidad. Entre los miembros académicos que lo eligieron se encontraban los doctores Florentino Ameghino, Ángel Gallardo, Otto Krause, Francisco P. Moreno, Luis Huergo y Ramos Mejía, entre otros.

Paradójicamente el mismo Presidente doctor Rodríguez Sáenz Peña, que desilusionara a José Ingenieros con su accionar, obliga a Pedro Arata a aceptar la delicadísima misión diplomática en Italia, que debía desvanecer infundados resentimientos y suavizar asperezas que las autoridades sanitarias italianas habían creado, con motivo de nuestras medidas de defensa contra el cólera en el examen de los inmigrantes.

De regreso al país P. Arata es puesto a cargo de la Presidencia del Consejo Nacional de Educación, tarea con la que se destacó como funcionario, pero que lo alejó de sus estudios científicos y con la que dio término, al retirarse años después, a su carrera brillante y fecunda.
En 1924, dos años después de la muerte de Arata, la Universidad de Buenos Aires crea la Cátedra de Toxicología y Química Legal, siendo el Dr. Jorge Magnín su primer Profesor Titular. Esta Cátedra funcionó en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales en el edificio de Perú 222, donde hoy se encuentra la “manzana de las luces”. Se mudó posteriormente, en los años 70, al nuevo de edificio de la Facultad en el Pabellón II de la Ciudad Universitaria.

Así entonces la UBA contaba por aquellos años con dos cátedras dedicadas a las Ciencias Forenses. La de Medicina Legal en la Facultad de Medicina y la de Toxicología y Química Legal en la de Ciencias Exactas. Muchos de los profesionales que cursaban estas disciplinas iban nutriendo con sus conocimientos y dedicado trabajo a los estudios periciales que se realizaban en el departamento de la Policía Científica de la Policía Federal y en Morgue Judicial dependiente del Poder Judicial de la Nación.

En 1938 el Profesor doctor Isidoro De Benedetti, siendo Jefe de la Comisión de Procedimientos Criminales, hace concurrir a los alumnos de abogacía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA a la Escuela de Policía Federal para familiarizarlos con las técnicas periciales. Es entonces que en la Facultad de Derecho comienza a crearse el interés en estas disciplinas científicas y a proponerse el dictado de cursos en Criminalística, los que en la década del 60 finalmente son ofrecidos por el Instituto de Derecho Penal y Criminología.

Finalmente el Texto ordenado Nº 1723 del año 1967 reglamenta dos carreras una de Criminalística y otra de Criminología. Sucesivas modificaciones ulteriores finalizaron con la Resolución Nº 11.360 de la Facultad de Derecho y ratificada por la UBA en la que estas carreras fueron aprobadas.

Fue sin lugar a dudas el doctor De Benedetti el gestor en gran medida de este logro para la UBA, que la puso al nivel de las más importantes Universidades del mundo. Cabe destacar que las materias y los programas de estas dos carreras eran muy similares a los que aún hoy se siguen dictando en Lausana.

En el caso de la carrera de Licenciatura en Criminalística, las materias cursadas durante los cuatro años que duraba la misma, eran Física aplicada (I y II), Técnicas de Investigación Criminal (I y II), Identidad Humana, Química aplicada (I y II), Tecnografía Pericial, Accidentología, Criminología Sociológica, Psicopatología Criminal y Forense, Deontología Pericial, Tecnología Aplicada, Toxicología y Química Legal, Fotografía Forense y Medicina Legal.

En 1982 el entonces director del Centro de Criminalística Dr. Enrique Gracia Mas, encargado de la Carrera de Criminalística dependiente del Departamento de Derecho Penal y Criminología, creó la asignatura de Técnicas de Investigación Criminal para la carrera de especialización en Derecho Penal.

Esta asignatura de post-grado resumía la carrera de Criminalística en un curso de 3 meses dictándose con los mismos profesores de la carrera de grado, permitiendo a funcionarios de la justicia y abogados penalistas el adquirir los conocimientos básicos de estas ciencias forenses.

A pesar del interés por estos estudios, los que convocaban en las carreras de grado tanto a alumnos que estudiaban su primer carrera universitaria como a diferentes profesionales como médicos, químicos y abogados que realizaban así una segunda carrera de especialización, y en los cursos de post-grado a distinguidos Jueces y funcionarios de la Justicia, en 1988 por resolución del Decanato de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales Nº 3157 del 7/4/88 se suspende insólitamente la inscripción de los alumnos cuando ya había sido consumada.

El cierre de estas carreras tuvo una enorme repercusión y a pesar de los artículos publicados en los medios en donde se hablaba de “un crimen de la UBA en donde las víctimas fueron las Criminología y la Criminalística” y de las gestiones de profesores y alumnos, nunca se volvieron a dictar en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo otras Universidades del país como la del Litoral y la de Salta aún hoy preparan profesionales en esas disciplinas.

En este punto considero oportuno transcribir textualmente lo expresado por el Dr. Isidoro De Benedetti en una de sus cartas al entonces decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Dr. Jorge A. Saénz, solicitando que se revea la resolución del decanato.

“La investigación de la prueba en los procesos judiciales comenzó en forma empírica y muy lentamente, se incorporaron a ella las técnicas científicas que pudieran reemplazar las “ordalías” o los “juicios de Dios”. Empero, durante varios siglos, esos conocimientos fueron atesorados y celosamente guardados por los organismos de seguridad del Estado.

Aún en este siglo XX y para circunscribirnos a la Argentina, el abogado o el ciudadano universitario que quisiera adquirir conocimientos sobre identificación humana, determinación de la naturaleza y origen de manchas, levantamiento e interpretación de huellas, identificación de armas partiendo de los proyectiles disparados en un hecho concreto, debía contentarse con la información libresca que podía proporcionarle el tratado de Locard, el manual de Rhodes y similares, y sino no le quedaba más alternativa que ingresar a la escuela de Cadetes y Oficiales de la Policía Federal, de la Gendarmería Nacional o de la Prefectura Naval. Se creaba así un conocimiento esotérico en manos de las llamadas “fuerzas de seguridad” con exclusión de los universitarios en el campo de la medicina legal y la química forense.

Lo curioso del caso es que nuestras leyes procesales, valga por ejemplo el artículo 339 del Código de Procedimientos en Materia Penal para la Capital Federal, le asigna facultades a las partes y letrados en una causa para controlar las operaciones periciales, y además, le impone a los letrados tanto en ese fuero como en el Civil, Comercial y Laboral evacuar las vistas que se les corren sobre las peritaciones practicadas en los autos judiciales en que intervienen. Comprenderá el señor Decano que todo esto ha sido y será prácticamente letra muerta salvo honrosas excepciones, salvo que el letrado se confíe poco menos que a ojos cerrados a un perito a quien consulte.”

Por aquellos años había dos figuras prominentes, reconocidas y respetadas por la justicia dedicadas a las Ciencias Forenses y que poseían el cargo de Perito Químico de la Justicia Nacional (equivalente a un Juez) uno de ellos el Prof. Dr. Manuel Guatelli, jefe del laboratorio de Morgue Judicial y primer profesor titular de la Cátedra de Toxicología y Química Legal cuando se crea la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA en 1957 y el Dr. Eduardo Gobbi egresado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Jefe del Laboratorio químico de la Policía Federal y profesor de Criminalística de la Universidad de Morón.

Fue el Dr. Gobbi el que a pedido del Dr. Gracia Más se puso en la búsqueda de un profesional que reemplazara al profesor que dictaba Toxicología y Química Legal en la carrera de Criminalística porque éste se jubilaba. Es así que en 1981 el redactor de esta nota es convocado por el Departamento de Derecho Penal y Criminología a participar en la formación de los Licenciados en Criminalística, tarea que llevó a cabo hasta la desaparición de la Carrera. Si bien en el año 1988 el decanato no permitió más la incorporación de alumnos a la carrera, como ésta duraba cuatro años, se continuó hasta prácticamente 1990 dictándose cursos y tomando exámenes a los alumnos que habían ingresado en 1987 y años anteriores.

Fue entonces que el Departamento de Derecho Penal y Criminología, consideró la necesidad de incorporar al Curso Profesional Orientado (CPO) de la carrera de abogacía, algunos cursos específicos de la carrera que se extinguía. Nuevamente fui convocado con otros dos profesores al dictado de los mismos, así nacen en 1990 los cursos de “Técnicas de Investigación Criminal” y “Técnicas de Investigación de la Identidad” que otorgaban 2 puntos cada uno a los alumnos regulares de la carrera de grado.

Si bien el primer año convocó a sólo 10 y 13 alumnos cada curso, ya en 1991 superaron los 80 alumnos al año. Estos cursos se dictaron hasta el año 2000 en el que el Departamento solicitó crear uno de 4 puntos que por reglamentaciones internas debía tener un nuevo nombre, así se crea el Curso de “La Ciencia en la Investigación Criminal” que se dictó hasta el año 2005 con un promedio de 70 alumnos por cuatrimestre.

Durante los primeros años los cursos eran teóricos, con apoyo de apuntes individuales por tema y con la modalidad de clases expositivas con transparencias.

Debido a que la duración de los mismos era de dos meses sólo se profundizaba en los temas más relevantes y prioritarios en el conocimiento de las Ciencias Forenses, así se abordaban temas como manchas sanguíneas, manchas seminales, rastros biológicos, documentos cuestionados y venenos. La evaluación final era grupal oral y se evaluaba a cada alumno de acuerdo a su desempeño en el coloquio final.

Al promediar los años 90 se introdujo una nueva modalidad en el dictado del curso en donde los alumnos comenzaron a participar más activamente realizando trabajos prácticos y una investigación de un caso problema que debía ser elaborado en equipo de 5-6 alumnos, ser presentado como una monografía y ser defendida en un coloquio final, el que era utilizado para la evaluación individual de cada alumno. Por otra parte los cursos contaban con un Manual de estudio que contemplaba la totalidad de los temas tratados y artículos con bibliografía de consulta.

Al finalizar el decenio y a las puertas del nuevo milenio, llega la necesidad de unificar ambos cursos, los que tenían algunos temas en común, y proponer a los alumnos un curso integral que ofreciera la posibilidad de acceder al conocimiento de todas las Ciencias Forenses aunadas con el propósito de brindar una visión totalizadora en el proceso de investigación.

De esta forma en el año 2000 toma forma el curso de “La Ciencia en la Investigación Criminal” en el que se incorporan temas como la introducción al Método Científico, escena del delito, balística, entomología forense, delito ambiental, etc. Aumentan las horas dedicadas a trabajos participativos, se crea una videoteca que permite el préstamo de videos a los alumnos, También se desarrolla un Manual de Técnicas de Investigación digital que se ofrece en CD a los alumnos, además de la copia en papel del mismo.

También en los últimos años se incorpora una modalidad de repaso general antes de finalizar la cursada, que permite en una clase participativa fortalecer el espíritu de trabajo en equipo. Este repaso consiste en un juego competitivo denominado “Crime Investigation Game”, en donde cada equipo apuesta al conocimiento de temas propuestos por sus integrantes. La respuesta correcta a las preguntas del docente otorga el puntaje de la apuesta pactada y una respuesta incorrecta permite al resto de los equipos responderla para ganar más puntos y compartir los conocimientos sobre el tema.

Al finalizar el primer cuatrimestre del 2002 los docentes tuvimos la oportunidad de agasajar al “alumno número 1000” que aprobó nuestro curso de CPO desde que lo iniciamos allá por 1990. Más exactamente el alumno 1000 fue una alumna, Sara De Luca, que recibió de nuestra parte el agradecimiento que sentimos para con ella y todos y cada uno de los alumnos que hemos tenido y que nos brindaron la posibilidad de disfrutar año tras año la enseñanza de las Ciencias Forenses.

Durante los años 2005 y 2006 y a solicitud de la ViceDirectora del Departamento de Penal los cursos "Ciencias de Investigación Criminal" de 4 puntos que se daban en el primer y segundo cuatrimestre, se cambiaron por 4 cursos de 2 puntos cada uno denominados "Técnicas de Investigación Criminal" primera y segunda parte.

Estos cuatro cursos de duración bimestral permitieron llevar el número de alumnos a más de 200 al año (los cursos de 4 puntos tenían un cupo de 60 por cuatrimestre sumando aproximadamente 120 alumnos al año).

Cabe destacar que en la inscripción de los citados cursos se superó el cupo a pesar que  por falta de aulas se debieron dictar los miércoles de 20 a 23 hs.

La enorme convocatoria que estos cursos tuvieron fue debida en un 50 % a lo propuesto en la oferta que hace el departamento de cursos (Horario, puntaje y temas de actualidad que proponen las Ciencias Forenses) y el otro 50 % por referencias de ex alumnos a sus compañeros. Vale mencionar que en las encuestas del Centro de  Estudiantes los dos cursos se mantuvieron en el primer y segundo lugar de todos los cursos dados por el departamento de penal.

Ya por el año 2004 habíamos comenzado a incursionar en lo que tanto habíamos insistido, que era el trabajo en equipo para el esclarecimiento de un delito y su correspondiente administración de justicia, para ello con una Comisión del Departamento de Práctica Profesional, se trabajó en forma interdisciplinaria formando equipos con alumnos integrantes de ambos cursos, donde pudimos observar como se enriquecía enormemente la labor de la enseñanza.

Así los alumnos trabajando en causas del Patrocinio proponían y desarrollaban toda la parte pericial, con el valioso aporte que eso significaba, para brindar gran información para preparar juicios orales con causas muy bien trabajadas.

El trabajo fue realmente útil y enriquecedor, los alumnos aprendieron y nosotros como docentes también enriquecimos nuestro saber.

Durante 16 años en forma ininterrumpida se dictaron estos cursos en el Departamento de Derecho Penal y Criminología, para el CPO de la carrera de abogacía, llegamos así al final del año lectivo de 2006, contabilizando más de 1.700 alumnos que habían pasado por nuestras aulas.

Para ese momento contábamos con la realización de un programa que contemplaba gran parte de los temas de las ciencias forenses, teníamos apuntes muy completos para cada curso, además ya íbamos por nuestra tercera edición  un libro diseñado para el curso que acompañaba los principales conceptos de la materia.

Por otra parte ya teníamos una gran colección de videos y DVD de casos reales para discutir y compartir con los alumnos, un plantel de docentes especializados que eran invitados año a año a compartir sus conocimientos en temas altamente específicos y una convocatoria de alumnos que nos hacia sentir más que satisfechos de la labor que realizábamos.

También una pagina web permitía una fluida comunicación con los alumnos desde hacia ya varios años y en ella desarrollábamos diferentes actividades de comunicaciones que permitía actualizar a los ex alumnos con completos Newsletters y artículos de actualidad en las Ciencias Forenses.

Cuando las encuestas nos sonreían, los alumnos se sentían satisfechos y el equipo de docentes sentía que estaba haciendo una buena y completa labor, el Departamento de Derecho Penal y Criminología nos comunica que no presentaría nuestros cursos como propuesta para el CPO del año 2007.

En una reunión mantenida con la Vicedirectora del Departamento, se me explicó que no proponían los cursos al departamento correspondiente por dos motivos fundamentales: uno era el comienzo de un nuevo plan de estudios y el otro la necesidad de cumplir con una resolución existente, en la cual sólo los profesores regulares podían hacer propuestas de cursos para el CPO.

Por otra parte se me explicitaba que no había excepciones para esta resolución debido a conflictos de intereses con profesores titulares y a la falta de aulas.

Cabe destacar que durante el 2007  los exalumnos juntaron más de 300 firmas y realizaron presentaciones al Secretario Académico, al Decano y al Departamento de Penal y Criminología para solicitar la restitución de los cursos de Técnicas de Investigación Criminal. Por su parte también las Comisiones de Departamento de Práctica Profesional hicieron peticiones similares sin lograr nada al respecto.

Por mi parte yo también mantuve reuniones con el Secretario Académico y el Decano de la Facultad y en un clima amable y respetuoso observé como la burocracia administrativa lograba que la carrera de abogacía se quedara en los comienzos del Siglo XXI sin ninguna materia que permitiera brindarle a los futuros profesionales las herramientas técnicas para luchar contra la delincuencia.

En el año 2008, el curso de Técnicas de Investigación Criminal volvió a dictarse pero ya no dentro del ámbito universitario de la UBA, sino a través de una plataforma educativa a distancia para todo el país y otros países de habla hispana. Nacía una nueva forma de capacitación para esta disciplina que contaba con nuevas tecnologías educativas presenciales a tiempo real pero a través de un sistema  satelital.

Ahora las clases son grabadas en estudios de televisión y editadas con programas de video digital de última generación.

Los alumnos repartidos por diferentes ciudades de Latinoamérica toman las clases y hacen las consultas a tiempo real o través de foros diseñados para una comunicación rápida y fluida.

La Escuela de Derecho Penal y Ciencias Forenses Aplicadas ofrece por intermedio de la plataforma de la firma Aldea Global SA, una oferta de 3 cursos de Técnicas de Investigación Criminal: parte I, parte II y parte III, con una duración de 8 semanas para cada uno.

De esta manera se pudo continuar con la capacitación de estudiantes, abogados. Magistrados y personal del Poder Judicial, como así también a profesionales de las fuerzas de seguridad y a todos aquellos profesionales que actúan como peritos en una corte de ley.

Sentimos así, que no sólo estábamos nuevamente brindando los conocimientos necesarios para llevar adelante la investigación del delito, mediante la utilización del Método Científico y la obtención de la prueba que permita la verdad de los hechos; sino que continuábamos  comprometidos con la visión y la misión de los visionarios de nuestro país, que estuvieron convencidos que el camino para una administración de justicia eficaz, necesita del conocimiento de las Ciencias Forenses.

Con nuestro Curso de Técnicas de Investigación Criminal, tratamos de corresponder y brindar el respeto que se merecen los hombres que en nuestro país, como Juan Vucetich, José Ingenieros, Pedro Arata, Jorge Magnín, Eduardo Gobbi, Manuel Guatelli, De Benedetti, Gracia Más y tantos otros  inspiraron a los docentes de este curso.

Profesor Dr. Fernando G. Cardini
Marzo 2009